Psicologo UBA

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miércoles, 9 de julio de 2008

El lugar de los psicofármacos en nuestra cultura

Cuando la propuesta concreta que se ofrece está basada en el empleo de psicofármacos, debemos asumir que lo que produce en el sujeto que sufre, es un adormecimiento, o un amordazamiento de todo el aspecto creativo de la persona.Precisamente, esto es completamente contradictorio, dado que la cura de estas afecciones, se basan en aspectos creativos que se ponen en juego.
Nuevas conductas, nuevas posiciones subjetivas, nuevas formas de encarar las situaciones, nuevas propuestas, etc.Entonces, tenemos que el empleo de psicofármacos para las crisis de las fobias, el estrés y el ataque de pánico, funciona como un chaleco químico que sujeta y anula los aspectos creativos del sujeto. Silencia la crisis, la aplaca, pero con ella se silencia al sujeto.
No nos olvidemos que el mismo Sigmund Freud planteaba que en el síntoma neurótico o en delirio psicótico estaba la cura. Si se le aplica el chaleco químico, se la silencia, se la anula y se la impide.Lamentablemente estamos viviendo dentro de una cultura que no está preparada (ni quiere hacerlo porque atenta con otros intereses) para convivir con quien sufre o con quien es diferente.
Los psicofármacos ocupan el lugar de lo que Freud llamó “quitapenas”. Es verdad que, como dijimos antes, el efecto que se espera es el de “calma”, y eso “quita” las “penas”, las angustias, las tristezas. Ahora, también debiéramos preguntarnos ¿los psicofármacos a quiénes tranquilizan? ¿Al paciente o a los que están con él que no pueden hacer otras cosas si el paciente está en crisis o “poco sujetado”? Yo creo que se trata más de lo segundo. De hecho, donde lo vemos claramente es en los servicios de los hospitales o clínicas psiquiátricas.
Allí, ya sea por la cultura del chaleco químico y la constitutiva creencia de su eficacia, ya sea por la escasez del personal en relación a la población internada en los servicios, sumado a la practicidad, rapidez en el efecto inmediato, y como allí tampoco se está preparado para que el paciente desarrolle su creatividad, pues entonces, todo justifica su empleo.